Quería ser gurú, pero me quedé en esto
El poder de una canción
Aug 6th
S. ha estado cerca de morir. Sufrió una enfermedad grave que pudo habérselo llevado y ahora lo cuenta como una experiencia de superación que ha cambiado su forma de ver las cosas.
En los momentos más duros, en ésos en los que lo más fácil es perder la esperanza, se animaba con una canción. Le inspiraba alegría, entusiasmo, optimismo. Y es la que aún hoy escucha cada vez que alguien le llama por teléfono.
Cuando le conocí me llamó la atención que la usara como tono. Me parecía una canción horrible, y de hecho me traía unos recuerdos perversos en los que nunca había caído.
Sin embargo, después de que me explicara por qué la utiliza, sonrío cada vez que la escucho. Sigue siendo mala, pero ha salvado una vida.
Lo que no deberías hacer si quieres encontrar trabajo como periodista
Aug 1st
Cada cierto tiempo alguien me escribe pidiéndome ayuda u orientación para conseguir trabajo. No puedo hacer gran cosa por ninguno de ellos, salvo pasar sus curriculum o ponerles sobre la pista del enésimo rumor de que en tal o cual sitio están buscando a alguien. Nadie que no tenga un puesto ejecutivo puede hacer otra cosa, y menos en estos momentos.
Sin embargo, el otro día estuve pensando en que quizás sí puedo hacer algo más: resumir en unos cuantos puntos todo lo que yo creo que uno no debería hacer si espera dedicarse a esto. Son cosas de sentido común o que tienen que ver con la forma de (no) diferenciarse de los demás aspirantes. Y como siempre es una humilde opinión, mezcla de la experiencia y de la teoría.
1. Enviar el mismo CV a todas partes y hacerlo en CC: No hay nada que demuestre más gandulería y desinterés que elaborar un curriculum tipo y hacerlo llegar a una lista de correo que ni siquiera te molestas en ocultar mediante la opción de copia oculta (CCO). Así lo que das a entender es que te da lo mismo trabajar en un sitio que en otro (eso ya se supone, pero a ningún medio le gusta saber que es uno más en un elenco de alternativas) y que no eres capaz de desarrollar una estrategia más interesante para captar la atención de quien pueda seleccionarte. Si yo recibiera uno en esas condiciones, pensaría que esa persona no es lo que estoy buscando. Y sí, cuando tenía 20 años yo lo hice, por eso sé de lo que hablo.
2. No utilizar las redes sociales: Si estás en Facebook y Twitter, ¿por qué no intentas darle una utilidad real y las empleas para demostrar lo que sabes hacer, además de para encontrar ahí a las personas que realmente pueden darte el trabajo que buscas? Los cv se envían normalmente a direcciones generales que aparecen en la portada de los medios, y nunca se sabe quién las atiende ni si el cv llegará realmente a manos de alguien que pueda hacer algo al respecto. Sin embargo, en redes sociales puedes localizar a un director, un editor, un jefe de sección… y trabar un primer contacto, conseguir una dirección personal a la que enviar el currículum o mostrarle cosas que hayas hecho.
3. Descartar ir personalmente al sitio o sitios donde te gustaría trabajar para presentarte: Es la mejor forma de darte a conocer, pero prácticamente nadie lo hace. Si has conseguido establecer contacto con un director o con cualquier otro puesto de responsabilidad, ¿por qué no pactar una entrevista? En realidad es mucho más fácil de lo que parece, y eso te sirve para dar un paso adelante respecto a todos los que se conforman con enviar el cv desde su casa. Plantarte en un sitio denota entusiasmo, iniciativa y personalidad. Y eso es gran parte de lo que te hace falta para vivir de esto.
4. No tener un blog: Piénsalo un momento. Si lo que quieres es trabajar en un sitio como periodista, especialmente sin mucha experiencia anterior, ¿por qué crees que deberían escogerte a ti y no a cualquiera de los demás candidatos? ¿qué elementos diferenciadores aportas respecto a ellos? ¿dónde puede el medio comprobar que realmente eres una apuesta interesante? La respuesta a todas esas preguntas puede ser la misma: un blog. Si quieres vivir de comunicar, demuestra que sabes hacerlo. Escribe de lo que sea, haz fotos, vídeos, audios… trastea todo lo que puedas, muestra interés por algún área en concreto o simplemente escribe de lo que te apetezca en el momento. Pero demuestra que tienes algo que aportar y que quieres enseñárselo al mundo.
5. No tener claro qué quieres: Disparar a bulto no es buena solución casi nunca para casi nada. Delimita tus objetivos, lo que quieres hacer, lo que puedes hacer mejor que los demás. Y en función de eso elige los sitios en los que querrías trabajar. Si haces eso podrás concentrarte en menos alternativas, pero más claras y con más posibilidades para ti. Ser selectivo te ahorra tiempo y disgustos.
Espero que a alguien le sirvan estas recomendaciones, que hago con toda la honestidad del mundo y con el ánimo de ayudar a quien esté buscando trabajo ahora mismo. Seguro que hay muchas cosas que me he dejado en el tintero, como el asunto de los contactos personales (ahí mi opinión es más difusa, sinceramente creo que es mejor invertir tiempo trabajando y esforzándote en aprender, antes que en saraos y encuentros) o la capacidad para ser flexible y creativo. Y si te hablan de suerte, responde que estás trabajando en ella. Si alguien tiene algo que aportar, ahí están los comentarios.
Cuando los comentarios ponen al periodista en su lugar
Jul 31st
Una de las mejores cosas que le ha podido suceder al mundo del periodismo es la existencia de los comentarios en las noticias. Nos ayudan a saber si estamos haciendo bien nuestro trabajo, nos puntualizan, nos orientan, nos aportan cosas… pero sobre todo nos obligan a ser más humildes. En los últimos días he visto un par de casos en los que han servido para esto último, y quería compartirlos contigo.
La lamentable entrevista a Gasol
En primer lugar, aquí puedes leer una entrevista a Pau Gasol, realizada por un periodista de Marca. Tal y como yo la veo, es abiertamente hostil, tendenciosa y en ella el periodista hace los peor que puede hacer cualquier profesional de esto: tratar de convertirse en protagonista por encima del entrevistado, un mal demasiado extendido en el periodismo deportivo. Aparte de intentar manipular al entrevistado para que diga exactamente lo que él espera poder publicar, con preguntas guiadas y cargadas de mala intención, claro.
Gasol lleva muchos años en la NBA, los suficientes para haber asumido perfectamente que allí el principio de profesionalidad de un jugador también se entiende en la atención a cualquier periodista como parte del negocio. Le he escuchado, leído y visto montones de entrevistas, y siempre le he percibido correcto, serio e inteligente. Así que difícilmente puedo creerme que ante un tipo de Marca de repente se haya vuelto intransigente o veleidoso.
Lee los comentarios (que por cierto están cerrados) y verás que esta opinión es la mayoritaria. El autor de la entrevista está encantado con la polémica y asegura que el entrevistado le ha felicitado. Eso me hace admirar aún más a Gasol, sin duda.
La crónica del concierto de Mark Knopfler que nadie comparte
El segundo caso tiene que ver con el fantástico concierto de Mark Knopfler al que acudí el jueves. La cosa es que al redactor de Rolling Stone no le pareció demasiado bueno y escribió una crónica en la que hablaba de aburrimiento generalizado entre el público, y otras cosas que denotan su poca estima por el ex cantante de Dire Straits. Como estuve allí, puedo decir que al menos en mi entorno nadie se aburrió, y que vi aplaudir al público de una forma entregada y emocionada, especialmente tras los temas clásicos y en los bises.
De nuevo te invito a que leas los comentarios de la crónica, y también a que te pases por la página de Facebook de Rolling Stone para leer otras reacciones. Verás que casi todas van en el mismo sentido: quién eres tú para hablar así de un tipo que lleva décadas haciendo y tocando muy buena música, y en qué concierto estuviste para no ver que el público (que a estas alturas saber perfectamente qué va a ver en un concierto de Mark Knopfler) estuvo mayoritariamente encantado con la actuación, al margen de retrasos o la falta de una pantalla grande.
No sé si los autores de ambas piezas han leído y tenido en cuenta los comentarios y las reacciones que han generado sus trabajos, pero creo que podrían aprender mucho de ello. Las críticas siempre ayudan a mejorar y el lector es el que decide qué o a quién lee en función de la confianza que le aporta el el medio y la firma de la pieza. Y un periodista o un medio en el que se puede confiar es aquél que atiende las quejas y sugerencias de los lectores a los que se dirige, y las usa para hacer un mejor producto cada día. Bienvenidos a internet.
El precio justo
Jul 27th
Tengo a tres personas por delante, así que me pongo a leer “Fever pitch”, de Nick Hornby. A ratos levanto la mirada y observo al resto de personas de la tienda. Hay una familia de lo más arquetípica: un padre que observa con envidia un Porsche Cayenne aparcado en segunda fila, una madre agobiada, dos niños pequeños insoportables que no paran de gritar y corretear, y una abuela que suspira y protesta con una cadencia milimétrica.
También hay un tipo negro bastante fornido que se ha traído una tele enorme a pulso, y un tipo con melenas que ha venido con una especie de taladro, y que despide un olor a vino sospechoso. Son los personajes principales de una tarde en la tienda de Cash Converters en Donostia.
Yo traigo esta vez dos altavoces de ordenador y el móvil que di de baja cuando saqué a los de Movistar un iPhone, a cambio de permanecer fiel otros 18 meses a la empresa que más he criticado en mi vida. Es difícil ser consecuente en el mundo real. Mi idea es pedir 20 y aceptar 15. Ésos son mis cálculos, basados en otras visitas con material similar. Cada cierto tiempo vengo para deshacerme de aparatos electrónicos que no uso.
Pero lo mejor está por llegar. La familia del padre envidioso, la mujer agobiada, los niños insoportables y la abuela quejosa ya está en el mostrador. Así que me quedan dos números para intentar colocar mi mercancía. Y justo en ese momento aparece una chica con un montón de cds en una bolsa de basura. Blanca, eso sí.
La recién llegada se sienta y deja su carga al lado con poco cuidado. Consigo identificar el logo de Negu Gorriak en la portada de uno de los discos, y calculo que debe de haber unos 40 o 50. Me llama la atención que los traiga en una bolsa de basura, y pienso que tal vez eso no le ayude demasiado a conseguir un buen precio. No es una buena estrategia ir a vender algo en esas condiciones. Yo al menos hubiera utilizado una bolsa de Carrefour, que viste un poco más y al menos hubiera sumado un par de puntos a la apariencia general del negocio.
Mientras trato de distinguir algún otro disco, pasa ahora el negro con la tele al mostrador. El tipo la levanta con la misma facilidad con la que ese trasto me rompería a mí la espalda. El tipo del taladro pasa después, ahora a un segundo puesto abierto en el mostrador. No sé cuánto va a sacar por ese trasto, pero intuyo dónde lo va a gastar.
Ahora entra en la tienda el que parece ser novio de la chica de la bolsa de basura. Parece estar enfadado, quizás por la espera o tal vez porque parte de los cds de la bolsa son suyos y no está muy de acuerdo en deshacerse de ellos. Se pelean un rato a baja intensidad y en euskera, sin que se sepa por qué, y entonces llega mi turno en el mostrador.
La negociación es rápida, pido 20 y me ofrecen 15, como había previsto. Y mientras hacen el papeleo el novio de la chica de la bolsa se marcha airado. Ésta se va detrás y no regresa. Salgo de la tienda con mis 15 euros y les veo discutir en la plaza que está al lado. Quién sabe, quizás no vendan el disco de Negu Gorriak después de todo.
Tres contra uno
Jul 25th
Son poco más de las dos y camino a casa me encuentro a tres tipos cerrando en torno a un cuarto. La cosa pinta mal para este último, que además es más bajo y algo más enclenque que los tipos que tiene enfrente. Los estoy viendo al otro lado de la calle y dudo sobre qué hacer. Tres a uno nunca es una pelea justa, pero tampoco sé que ha hecho ese uno. Así que simplemente saco el móvil y espero acontecimientos.
Lo que sucede a continuación es uno de esos golpes de suerte o de ingenio que a veces te salvan la vida. O en este caso, te libran de una paliza. El tipo acosado se lanza de repente contra el que tiene justo delante y lo empuja con mucha fuerza, de modo que éste se da un fortísimo golpe en la espalda contra el coche que está aparcado detrás. Uno menos.
Apenas unas décimas de segundo después de hacer esto, y aprovechando el impulso del empujón, se revuelve hacia la izquierda y lanza un puñetazo que llega de pleno a la cara del segundo oponente. Al menos eso es lo que parece por el ruido (seco y rudo, con un crujido por debajo que parece dar a entender que algo se ha roto, probablemente la nariz del agredido). Segundo fuera de combate.
Y el tercero en discordia se queda inmmóvil, paralizado ante lo que ha visto. Ha tenido la oportunidad de atacar por detrás al tipo que ha tumbado a sus amigos, pero no se ha atrevido. Igual que los otros dos, es más bien grueso y poco rápido, pero lo que sobre todo parece ahora es cobarde. Son segundos de tensión y de confusión. El empujón y el puñetazo han dejado para el arrastre a sus camaradas, que no consiguen levantarse.
Consciente de su suerte, el tipo que tenía todas las de llevarse una paliza sale corriendo y desaparece al final de la calle. En una situación así quizás tienes una oportunidad entre 100 o entre 1000 de salvar la cara sin novedad. Y esta noche ha tocado.
Cuando emprendo camino a casa el que aún permanece en pie ayuda a sus compañeros a levantarse, mientras estos le insultan de todas las formas imaginables. Y de paso se llevan rapapolvos desde un par de balcones, donde algunos han presenciado la escena y hacen mofa de su condición de matones aficionados. Uno ya no puede fiarse de nadie.
Los conciertos que nos quedan
Jul 17th
Ya tengo en las manos la entrada para ir a ver a Mark Knopfler en Las Ventas. Casi 20 años después de que descubriera a Dire Straits gracias a un vecino que no paraba de escuchar el disco “Making movies“, podré ver en directo a uno de mis músicos favoritos dentro de unos días.
Ese concierto es todo un desagravio, pero mi lista de pendientes sigue siendo enorme. Hay un montón de artistas y grupos a los que aún no he tenido oportunidad de ver en directo, ya sea por lo caro que se cotizan o porque ni las fechas ni el lugar hayan sido adecuados hasta ahora.
Los casos más sangrantes son los de U2, Bruce Springsteen y Coldplay. Los tres han actuado en Donostia, cerca de donde vivía antes, y en ninguno de los casos conseguí verlos. De hecho, U2 regresa este año y tampoco estaré allí para disfrutarlo. Para cuando quise hacer algo, ya no había entradas.
Al margen de eso, ahora que vivo en Madrid han aumentado las opciones de ver buenos conciertos. Pero hay que estar atento y sobre todo estar dispuesto a dejarte un buen dinero. Por ejemplo, hace apenas unas semanas pasaron por aquí los Spandau Ballet. Las localidades costaban una pasta, aunque quizás estaba justificado porque era su gira de reunión, tras años de conflictos legales entre los hermanos Kemp y el resto del grupo. También los vi pasar de largo.
Y últimamente estaba intentando hacerme con entradas para ir a ver a Joan Manuel Serrat en su nueva gira en honor a Miguel Hernández. Los precios de las entradas son de los que invitan a hacer números, comparaciones y reflexiones. Así que creo que esta vez tampoco será.
De todos modos, lo caro o lo barato de ver un concierto es algo relativo, a veces increíblemente flexible. Pagué más de 70 euros por ver a los Rolling Stones (después me enteré de que dejaron pasar a gente gratis, porque la gente no se fiaba de que el concierto fuera a celebrarse y no se habían vendido todas las localidades) y me pareció incluso un precio ajustado por el espectáculo que ofrecieron.
También es verdad que uno nunca sabe cuándo será la última gira de los Stones. Llevan jugando con eso desde hace años y por eso siempre parece que no habrá otra oportunidad. Afortunadamente, yo ya tuve la mía. Y espero tenerla con otros tantos.
Agua por cerveza
Jul 12th
Los conocí hace unas semanas, cuando iba al supermercado a hacer la compra. Son dos tipos rumanos, o quizás de algún otro país del este. Merodean el barrio y últimamente habían decidido colocarse allí para pedir dinero a los clientes.
Aquel día uno de ellos se levantó y me saludó educadamente. En un español sorprendentemente bueno me pidió unas monedas para comprar algo. Le dije que no llevaba dinero, sino tarjetas, cosa que es cierta desde hace mucho tiempo. Y entonces él me pidió que les comprara a su compañero y a él unas cervezas, “esas baratas”. Era un día de verano anticipado, con más de 30 grados.
Me negué a comprarle alcohol, pero le propuse un trato. Le dije que le compraría agua, igualmente refrescante y necesaria para afrontar el calor de esta maldita ciudad en los últimos días. Él se encogió de hombros y aceptó. Y al rato volví a pasar para dejar dos botellas de litro y medio, una para cada uno.
He repetido esa operación desde entonces. Ellos saben que en ningún caso les compraré alcohol o les daré dinero, pero sí pueden contar con el agua que ya ni siquiera hace falta que me pidan. No es la donación más espectacular del mundo, pero en cierto modo creo que es la mejor alternativa que he podido encontrar para ayudarles.
Por apenas un euro ellos tienen agua para pasar uno o dos días, y yo puedo justificar mejor ante mí mismo las porquerías que a veces compro en el supermercado. Todos salimos ganando.
Las puertas entreabiertas
Jul 11th
Si realmente existe la reencarnación, es probable que en otra vida fuera gato. A veces mi comportamiento se asemeja mucho al de cualquiera de los que he tenido a lo largo de mi vida, como en su particular filosofía de puertas entreabiertas.
Te sonará la historia si compartes o has compartido vida con felinos. Ellos necesitan saber que pueden acceder a cualquier habitación de la casa, aunque no tengan el menor interés en entrar. Si te ven cerrar una puerta, de repente se colocan a dos patas y comienzan a rascarla, mientras maúllan con tono lastimero. Y se quedan enfrente de ella, repitiendo maniobra hasta que les abres. Después, a veces ni siquiera se dignan a entrar. Se dan la vuelta y disfrutan de su victoria con un elegante paseo hacia cualquier otra parte.
Quizás en el fondo yo sea más o menos igual en eso. Tal vez necesite sentir que hay puertas que están entreabiertas para mí, y no me intereso realmente por lo que esconden hasta que siento que se cierran. Entonces me implico, lucho, armo ruido y trato de que se abran nuevamente. A veces lo consigo y me avergüenza admitir que sólo esperaba que siguieran entornadas. Pero lo más habitual es que las puertas permanezcan cerradas definitivamente y me coma la frustración durante unos días, hasta que simplemente piense en otra cosa.
Mi camino está lleno de puertas que estuvieron entreabiertas para mí, hasta que alguien se cansó y las cerró para siempre. Para cuando quise entrar, ya era tarde. Aún queda mucho por recorrer, pero el vistazo atrás a veces asusta un poco.
Community manager con complejos
Jul 10th
Me resulta difícil dar consejos. Decirle a alguien lo que creo que debería hacer supone asumir una responsabilidad en las posibles consecuencias de que me haga caso. Y soy un tipo suficientemente humilde como para pensar que siempre hay gente más y mejor preparada para ello, pero sobre todo con muchas más ganas de realizarse influyendo sobre lo demás.
Esto viene a cuento de que en las últimas semanas he recibido varias peticiones de diferentes personas que quieren acercarse al mundo del community manager, y pretenden que yo les oriente. Yo tengo bastante más por aprender que por enseñar en esta ocupación, profesión o desempeño, como cada cual lo quiera llamar. Y por eso siempre digo lo mismo, que pongo a disposición de quien sea la experiencia adquirida en este tiempo, que no me hace ni un experto ni un especialista. Ya hay otros que van por delante con esa tarjeta.
En todo caso, este trabajo tiene tantas condiciones específicas como el lugar en el que tengas que desarrollarlo. Yo trabajo en un medio de comunicación, que no es lo mismo que una agencia o una empresa que fabrica zapatos. Mi función no es vender nada, sino dirigirme a gente que busca una fuente informativa en la que confiar para leer, ver y descubrir historias que le importan. Y también hacer que ese medio sea abierto a quienes quieren ser escuchados, a los críticos, a los puntualizadores, a los que tienen algo que decir.
Así es como definiría yo lo que hago a grandes rasgos, sin entrar en detalles aburridos o técnicos, y sin darme más importancia que la que realmente tengo como correa de transmisión entre un medio y el público, el que es y el que podría ser.
Pero lo curioso de todo esto es que a veces me dicen que esto tiene pinta de ser muy divertido, y que debe de ser genial que a uno le paguen por estar todo el día en Facebook o Twitter. He escuchado varias veces frases del tipo: “yo lo hago y no veo un duro”. Hay quien piensa que este trabajo es un chollo y que se basa en hablar como colegas a clientes o usuarios, en poner iconos de caritas sonrientes y estar todo el día intercambiando mensajes más o menos divertidos, bien intencionados o pelotilleros con los gurús del ecosistema en el que vivimos y trabajamos en internet. Y eso sin contar con eventos, trinques y otras ferias de exhibición propia ocultas bajo la excusa de “socializar”, “desvirtualizar” y términos similares.
Supongo que yo trato de tener una visión más profesional del asunto, más analítica y menos coctelera. En mi opinión, que para eso la tengo y la cuento sin problemas, estamos atravesando una época de desorientación lógica en torno a este trabajo. Dar respuestas o escuchar lo es lo mismo que ser condescendiente; ser amable no es lo mismo que poner
en cada mensaje; ser cercano no es lo mismo que pasar por ser amiguete; hablar con claridad no es lo mismo que usar jerga callejera… Así lo veo yo y así trato de actuar. Porque algunos complejos no vienen mal para hacer este trabajo.
Canciones para una vida: “Enjoy the silence”
Jul 5th
La historia de Depeche Mode es la historia de una rivalidad mítica basada en la envidia del talento del otro. A Martin Gore le encantaría desenvolverse y cantar sobre un escenario como hace Dave Gahan, y éste daría lo que fuera por componer como lo hace Gore.
Ese peculiar equilibrio de egos ha levantado con los años el mejor grupo de música electrónica del mundo, una de cuyas canciones más memorables es precisamente la que hoy traigo aquí: “Enjoy the silence“.
Este temazo ha cumplido ya 20 años y suena imponente en cada concierto de la banda. Venía incluido en el álbum “Violator“, editado en 1990, y fue el segundo sencillo extraído de aquel trabajo, el séptimo del grupo.
Y en su origen encontramos la controversia de la que hablaba antes, ya que fue escrito por Martin Gore, que también lo cantaba en su primera versión. Sin embargo, el tema pasaría a la historia en la voz de Gahan, después de un “acuerdo” en el seno de la banda.
Tal y como se puede deducir del título, la canción viene a ser un canto al silencio frente a las palabras vacías que hieren. Y es seguramente la canción más reconocible y solicitada del grupo, que cierra muchos conciertos con ella. Por ejemplo, el que os pongo aquí abajo, en París. Disfrútalo.
Te recuerdo que puedes escuchar todas estas canciones en mi lista de Spotify y ver los videoclips en mi lista de reproducción de Youtube.
























Dublin, Ireland
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