Facebook is not "semantic", but this...

Image by Todd Barnard via Flickr

Hoy he escrito para lainformacion.com una breve nota sobre cómo están haciendo presión muchos usuarios a diferentes marcas para que retiren su patrocinio de Noticias Cuatro, a cuenta del caso de Manolo Lama. Es una consecuencia insólita de la mayor crisis de medios sociales que hemos vivido en este país, que demuestra que la gente es capaz de organizarse y tomar parte en una iniciativa a través de redes sociales si cree en ella.

Sin embargo, la historia nos demuestra que todos los movimientos populares no son buenos ni bien intencionados. Este caso no iba a ser una excepción. Lo que está sucediendo con Lama es consecuencia de una pésima gestión por parte de Cuatro de una situación inédita, que va camino de convertirse en todo un linchamiento del periodista y la cadena. ¿Merece la reprobación unánime y colectiva la escena que protagonizó con el mendigo? Seguro ¿Merece que la gente intente presionar a los anunciantes para que retiren su apoyo en caso de que no sea despedido? Probablemente no.

Y es que ésta es una lección impagable que todos estamos recibiendo a cuenta de Prisa. Han subestimado y despreciado la capacidad de sus oyentes y televidentes para mostrar su desacuerdo y movilizarse por ello. Ahora ya es demasiado tarde para desactivar la crisis, que tendrá que morir sola con el tiempo y tras haber dejado más de una víctima en el camino. La situación ya desafía cualquier intento de reconducción y parece que sólo un oportuno tiempo de vacío podría hacer que se calmen las cosas.

Con la perspectiva de los hechos siempre es más fácil hablar, claro que sí. Pero yo hubiese llevado a Lama ante el mismo mendigo al que humilló y le hubiese obligado a disculparse ante él, que a fin de cuentas es el ofendido realmente. Hubiera grabado la escena en vídeo y la hubiera difundido por todas partes. Como muestra de buena voluntad, de humildad y de asunción del error cometido. Si un vídeo desató la crisis, otro la hubiera solucionado.

Pero supongo que nadie pensó que las cosas llegarían a este extremo. Y quién sabe, quizás aún no lo hayamos visto todo.

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