Todo o casi todo ha cambiado en apenas un año. El tránsito de los 12 meses entre los 33 y los 34 me ha hecho propietario, autónomo y tío. Además de otras cuestiones personales que no vienen a cuento en este blog, pero que han sido igualmente importantes. La vida se ha convertido en algo serio, riguroso, con obligaciones pautadas y con preocupaciones reales antes de dormir. De alguna forma me he hecho mayor. Y hoy corresponde balance de ese camino insospechado a la madurez necesaria.

Esta entrada está programada, así que probablemente el día de mi cumpleaños me cogerá dándole vueltas a proyectos e ideas. Enviando correos, madurando posibilidades, colgado del teléfono. Mi vida es así desde hace unos meses, desde que decidí probar suerte por mi cuenta. Camino en el alambre con mejor acierto unos meses que otros, y aprendo cada día de mí y de lo que supone pelear por tu cuenta en la peor época. O quizás en la mejor. Según se mire, supongo.

He dedicado muchas horas a intentar ser mejor en lo que hago para merecer con honestidad el dinero que pido a cambio de hacerlo. Es un trato con los demás y conmigo. Algunas personas me han ayudado y me ayudan mucho en este viaje y por encima de todo les agradezco su tiempo, su interés y su esfuerzo conmigo. Otras simplemente están o han estado ahí, regalándome confianza en los días en los que escasea y repitiéndome que creen en mí, a menudo más de lo que yo mismo hago. Para ellas mi gratitud es aún mayor, a pesar de que en algunos casos no estuve a la altura de lo que recibí y aunque alguna de ellas no esté ya.

También me volví lo suficientemente loco para comprarme mi casa y asentarme, para dejar de deambular y empezar a construir un proyecto personal y profesional desde un lugar en el que he encontrado refugio, paz y armonía. Y ha llegado mi sobrino para dar alegría a toda mi familia  y poner cara un futuro al que necesariamente debemos mirar con esperanza, a pesar de lo que nos está tocando vivir.

Todo ha cambiado y yo ya no soy el mismo que era hace un año. A fin de cuentas, quién lo es. Uno nunca se baña en el mismo río y nunca mira al mismo tipo en el espejo. Soy yo, más curtido, más escéptico, quizás algo más taciturno. A ratos tengo que estirarme para recordar que no llevo el peso del mundo sobre mis hombros y que las cosas no me van mal a grandes rasgos.

Vivo mi profesión con una mezcla de amor y odio, como esas relaciones en las que un solo beso repara días de malestar. Son tiempos de cambios para el periodismo y para los que navegamos en sus aguas. Supongo que todos estamos igual de perdidos y es difícil asumir que algunos cambios tienen pinta de llevarnos a peor.

Por último, las cuentas íntimas, esas que cada uno hace consigo mismo sobre afectos ganados y perdidos, oportunidades, victorias y fracasos, quedan para cuando se apaga la luz. Algunos de vosotros formáis parte de ellas. Gracias a los que sumáis y gracias a los que lo habéis hecho en algún momento. Los vuestros son siempre los mejores números.

Soy José Manuel Rodríguez, periodista y consultor especializado en redes sociales. Trabajo como editor de Medios Sociales en El Confidencial, soy profesor de periodismo en IEBS, asesoro a empresas y formo a profesionales.