A view of Tiger Woods as he walks off the 8th ...

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Ayer me enteré de que la adicción al sexo entrará a formar parte de la próxima edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), la biblia de la psiquiatría. No es cosa menor, porque en ese libro se recogen todas las patologías que se reconocen como enfermedades reales, y esa inclusión hace que el tema atraviese de golpe la línea entre el chiste y la reflexión.

Por lo que parece, alrededor de un seis por ciento de la población padece de este mal, aunque uno diría que es una enfermedad de ricos. De gente que puede permitírselo, básicamente. La primera noticia que tuve de ella fue hace años por un escándalo protagonizado por Michael Douglas, que debía de llevarse a la cama a todo lo que se cruzaba. En aquel momento pensé que se trataba de una excusa miserable como otra cualquiera para justificarse ante su mujer. Pero parece que el tiempo le ha dado la razón.

Recientemente hemos tenido otro caso más mediático y bastante más humillante para su protagonista, por la mofa que ha causado durante semanas. Me refiero a Tiger Woods, que ha vivido seguramente las semanas más horribles de su vida después de que se descubriera la hilera interminable de mujeres con las que se acostaba.

En todo caso, la diferencia entre un adicto y un ligón vicioso es difusa, como lo son siempre los límites de todas las enfermedades de este tipo. Ayer un tipo comentaba en la radio que en realidad la cosa no depende del número de veces que le des al sexo, sino de la necesidad que sientes de hacerlo independientemente de cuánto lo practiques. Así que si crees que sufres de este mal, amigo lector, no dejes de ponerte en las manos adecuadas para tratarte. Las que consideres más oportunas…

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