Desde hace tiempo tengo la costumbre de firmar los billetes que pasan por mis manos, como experimento curioso. La idea es ver si alguno de ellos regresa a mí después de haber servido para pagar otras cosas, o incluso con alguna otra inscripción, como en el relato que en su momento escribí sobre esa idea. Soy consciente de que en cuanto pasan por un banco son destruidos, pero aún así sigo haciéndolo.

En todo caso, en las últimas semanas he dejado de lado la firma y he comenzado a escribir el nombre de este blog. O lo que es lo mismo, mi “indentidad corporativa”: Dulce desastre. Lo he hecho porque mi firma no es muy diferente a la de muchas personas, y de este modo es más fácil localizarlos o distinguirlos. También he decidido darle algo de bombo por aquí al experimento, porque estaría muy bien que algun@ de vosotr@s encontrara uno de esos billetes y me lo hiciera saber con un comentario o me enviara una foto, diciéndome dónde lo ha encontrado.

Os dejo en esta entrada una imagen de uno de ellos, con la firma tipo, para que os hagáis una idea de cómo podéis distinguirlos. Y si os topáis con alguno, no dejéis de decírmelo por aquí. Entre todos podríamos trazar la azarosa vida de un billete cualquiera :D . Muchas gracias.

Actualización: Unaiaia me ha descubierto a través de Twitter una página muy interesante de un proyecto para registrar billetes de euro y ver su trayectoria. La podéis ver aquí.