Mark Knopfler el 4 de julio de 2001 en la plaz...

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Ya tengo en las manos la entrada para ir a ver a Mark Knopfler en Las Ventas. Casi 20 años después de que descubriera a Dire Straits gracias a un vecino que no paraba de escuchar el disco “Making movies“, podré ver en directo a uno de mis músicos favoritos dentro de unos días.

Ese concierto es todo un desagravio, pero mi lista de pendientes sigue siendo enorme. Hay un montón de artistas y grupos a los que aún no he tenido oportunidad de ver en directo, ya sea por lo caro que se cotizan o porque ni las fechas ni el lugar hayan sido adecuados hasta ahora.

Los casos más sangrantes son los de U2, Bruce Springsteen y Coldplay. Los tres han actuado en Donostia, cerca de donde vivía antes, y en ninguno de los casos conseguí verlos. De hecho, U2 regresa este año y tampoco estaré allí para disfrutarlo. Para cuando quise hacer algo, ya no había entradas.

Al margen de eso, ahora que vivo en Madrid han aumentado las opciones de ver buenos conciertos. Pero hay que estar atento y sobre todo estar dispuesto a dejarte un buen dinero. Por ejemplo, hace apenas unas semanas pasaron por aquí los Spandau Ballet. Las localidades costaban una pasta, aunque quizás estaba justificado porque era su gira de reunión, tras años de conflictos legales entre los hermanos Kemp y el resto del grupo. También los vi pasar de largo.

Y últimamente estaba intentando hacerme con entradas para ir a ver a Joan Manuel Serrat en su nueva gira en honor a Miguel Hernández. Los precios de las entradas son de los que invitan a hacer números, comparaciones y reflexiones. Así que creo que esta vez tampoco será.

De todos modos, lo caro o lo barato de ver un concierto es algo relativo, a veces increíblemente flexible. Pagué más de 70 euros por ver a los Rolling Stones (después me enteré de que dejaron pasar a gente gratis, porque la gente no se fiaba de que el concierto fuera a celebrarse y no se habían vendido todas las localidades) y me pareció incluso un precio ajustado por el espectáculo que ofrecieron.

También es verdad que uno nunca sabe cuándo será la última gira de los Stones. Llevan jugando con eso desde hace años y por eso siempre parece que no habrá otra oportunidad. Afortunadamente, yo ya tuve la mía. Y espero tenerla con otros tantos.

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