Esta noche ETA ha atentado contra instalaciones de “El Correo”, el periódico más importante de Euskadi. Al margen de lo miserable que resultaría esto fuera quien fuera la víctima, en este caso siento la agresión más cercana que nunca, como periodista que soy. La libertad de expresión es uno de los pilares de una sociedad libre y justa, así como uno de los síntomas de normalidad que aquí no vivimos desde hace años.

Ante algo así sólo siento rabia e impotencia, porque el compromiso de un medio de comunicación es siempre hacer llegar al ciudadanos un retrato lo más exacto posible de la realidad que le rodea, sea cual sea. Si se atenta contra eso, se busca cercenar esa libertad de expresar, pero también el derecho a conocer. Todos aquéllos que no creen en la pluralidad de ideas, en general, siempre temen a la información libre y contrastada. Tienen miedo de que se sepa realmente lo que sucede. Se mueven con comodidad en el pensamiento único, en la estrechez de ideas y en el argumento irrebatible por amenazante.

Por mucho que les pese, los periodistas vascos seguiremos siendo libres para contar lo que sucede. Porque para eso estamos aquí. Para aportar nuestro granito de arena y contribuir a hacer de la tierra que amamos un sitio cada vez más habitable. Para todos, sea cual sea su opinión política o su sentir respecto a quiénes somos y qué queremos hacer. La pluma es más poderosa que la espada. Siempre.