Quería ser gurú, pero me quedé en esto
Visto y oído
Los conciertos que nos quedan
Jul 17th
Ya tengo en las manos la entrada para ir a ver a Mark Knopfler en Las Ventas. Casi 20 años después de que descubriera a Dire Straits gracias a un vecino que no paraba de escuchar el disco “Making movies“, podré ver en directo a uno de mis músicos favoritos dentro de unos días.
Ese concierto es todo un desagravio, pero mi lista de pendientes sigue siendo enorme. Hay un montón de artistas y grupos a los que aún no he tenido oportunidad de ver en directo, ya sea por lo caro que se cotizan o porque ni las fechas ni el lugar hayan sido adecuados hasta ahora.
Los casos más sangrantes son los de U2, Bruce Springsteen y Coldplay. Los tres han actuado en Donostia, cerca de donde vivía antes, y en ninguno de los casos conseguí verlos. De hecho, U2 regresa este año y tampoco estaré allí para disfrutarlo. Para cuando quise hacer algo, ya no había entradas.
Al margen de eso, ahora que vivo en Madrid han aumentado las opciones de ver buenos conciertos. Pero hay que estar atento y sobre todo estar dispuesto a dejarte un buen dinero. Por ejemplo, hace apenas unas semanas pasaron por aquí los Spandau Ballet. Las localidades costaban una pasta, aunque quizás estaba justificado porque era su gira de reunión, tras años de conflictos legales entre los hermanos Kemp y el resto del grupo. También los vi pasar de largo.
Y últimamente estaba intentando hacerme con entradas para ir a ver a Joan Manuel Serrat en su nueva gira en honor a Miguel Hernández. Los precios de las entradas son de los que invitan a hacer números, comparaciones y reflexiones. Así que creo que esta vez tampoco será.
De todos modos, lo caro o lo barato de ver un concierto es algo relativo, a veces increíblemente flexible. Pagué más de 70 euros por ver a los Rolling Stones (después me enteré de que dejaron pasar a gente gratis, porque la gente no se fiaba de que el concierto fuera a celebrarse y no se habían vendido todas las localidades) y me pareció incluso un precio ajustado por el espectáculo que ofrecieron.
También es verdad que uno nunca sabe cuándo será la última gira de los Stones. Llevan jugando con eso desde hace años y por eso siempre parece que no habrá otra oportunidad. Afortunadamente, yo ya tuve la mía. Y espero tenerla con otros tantos.
Naranjito, la fruta que tardó en madurar
May 31st
Hoy me he cruzado por la calle con un chico que llevaba una camiseta en la que se podía ver a Naranjito. Tengas la edad que tengas, habrás oído hablar de aquella mascota del Mundial de España ´82, una pizpireta naranja que además tuvo su propia serie de dibujos animados.
Algún mal pensado podría decir que Naranjito concitó uno de los pocos consensos que se recuerdan del campeonato para el que nació: no le gustaba a casi nadie. Los publicistas María Dolores Salto y José María Martín Pacheco la crearon con el modelo de la naranja valenciana, para evitar el manido estereotipo del toro. Pero al pobre Naranjito muchos quisieron convertirlo en zumo nada más nacer.
De todos modos, lo más curioso de la historia de esa mascota es que a sus “padres” la Federación Española de Fútbol les pagó un millón de pesetas de la época por el personaje. Años después, una empresa de merchandising se hizo con los derechos de Naranjito por unos 1.400 millones. No sería tan mala.
El resto es historia, con ese simpático personaje en toda clase de prendas, representando esa nostalgia engañosa del que no recuerda lo que vivió sino intenta reconstruir lo que hubiese querido haber vivido.
Ahora que estamos a punto de vivir otro Mundial, nos invitan a mirar hacia atrás y rebuscar en aquel campeonato lleno de cosas extrañas, que tan bien retratado quedó en el reportaje realizado por Canal + con motivo de su 25º aniversario. Y tanto que eran otros tiempos.
35 años desaparecida
May 1st
La última vez que tomé un avión me fijé en el cartel de las personas desaparecidas. Nunca había reparado en ese mosaico de historias sin resolver, y le dediqué unos minutos. Lo que más me llamó la atención fue el hecho de que una de esas personas lleva sin localizar desde 1975. Se trata de Ana B. Jiménez y es la persona que más tiempo lleva desaparecida de cuantos están en ese cartel.
Al principio pensé que tal vez se trataba de un error y que quizás ese mosaico no estaba actualizado. Me extraña que se mantenga el estatus de desaparecido para alguien de quien no se tiene noticia durante más de 30 años. He visto que existe una asociación de familiares de personas desaparecidas, que es el colectivo al que refiere el cartel del que os hablo, y que hay una especie de brigada especial de la Policía para casos de este tipo. Pero ignoro el marco legal que rodea a la consideración legal de estos casos en España.
En todo caso, es un tema doloroso y delicado. Una persona desaparecida es una duda lacerante que no deja descansar a sus seres queridos. Y mientras miraba el rostro de la chica desaparecida en 1975, pensaba que esa mujer tendrá muy poco que ver con esa fotografía, en caso de que siga viva. También me preguntaba si no me habré cruzado sin darme cuenta con ella o con cualquier otro de los integrantes de esa lista, o si alguno de ellos habrá desaparecido por voluntad propia. Son demasiadas preguntas para alguien que sólo está de paso por ese cartel. No quiero ni imaginarme las que se llevan haciendo durante años quienes tienen en él a un familiar o amigo.
El poema inacabado
Apr 20th
A Antonio Machado la muerte le sorprendió sin terminar una última y prometedora poesía, de la que sólo había escrito el primer verso: “estos días azules y este sol de la infancia“. Nunca sabremos cómo continuaba ese epílogo de una de las carreras literarias más brillantes y más miserablemente atajadas de la historia de las letras españolas.
Aquel 22 de febrero de 1939 la guerra se cobró la segunda de las tres grandes víctimas de la generación de poetas que alumbró a este país durante las primeras décadas del siglo XX. Antes que él se fue Federico García Lorca (1936), y tras su muerte también vendría la de Miguel Hernández (1942). Todos ellos dejaron un patrimonio incalculable que afortunadamente hemos ido recuperando con el tiempo.
Pero siempre quedará ese poema inacabado, y sobre todo la sensación de que cada uno de ellos desapareció en el mejor de sus momentos artísticos. La guerra nos privó de la madurez de tres genios que podrían haber hecho diferente su tiempo y el nuestro con versos aún más hermosos que los que nos dejaron. Les robaron los días azules y el sol de la infancia, y a los que vinimos después sólo nos queda la sensación de que apenas nos enseñaron un esbozo de lo que llevaban dentro. Mala suerte. Para todos.
¡Usted también puede hacerlo!
Mar 21st
Está por hacerse un estudio en torno al daño que han producido los programas de bricolaje. Pero algo serio, un parte riguroso y realista de los matrimonios que han entrado en crisis, las autoestimas que ha caído en barrena y las lesiones que han desfilado por los centros de salud como consecuencia de la oscura promesa de autorrealización que se esconde tras el “hágalo usted mismo”.
Seguro que conoces a alguien que haya sido seducido por el buenrrollismo animoso del tipo barbudo de Telecinco, ése que te dice que el apaño es “fácil, sencillo y para toda la familia“. Y que por supuesto cuenta con el mayor arsenal de herramientas y aparatos que uno haya visto en su vida, incluso teniendo en cuenta que soy hijo de albañil jubilado. Así cualquiera, dirá alguno, “si yo tuviera el taladro-percutor-aireador de varios cilindros también podría hacer esa absurda mesa que me costará mucho más tiempo y dinero que una mucho mejor en Ikea”. Vete tú a saber, porque como no te explican cuánto ha costado hacer el ingenio, ni en una magnitud ni en otra, no hay forma de hacerse una idea.
En todo caso, mientras veía hoy ese programa me he acordado de un antiguo vecino en una casa anterior. De cómo un sábado por la mañana se arrancó a martillazos y otras operaciones ruidosas que anuncian grandes obras, quizás llevado por la voluntad de ser un hombre renacentista, un contable carpintero. La cosa es que la afición le duró poco más de un día, con bronca incluida de su esposa. Al día siguiente bajé a la calle a reciclar vidrio y vi un engendro de madera que aparentemente había nacido bajo la intención de ser una mesa para ordenador, dotada de bandeja y cajones.
Pero eso lo supuse después, cuando vi aparecer a unos trabajadores de El Corte Inglés unos días después con una mesa de ese corte. Y ahora creo que nunca le agradecimos lo suficiente a esa mujer que supiera parar a tiempo aquella tragedia.
Adictos al sexo, los nuevos enfermos
Mar 2nd
Ayer me enteré de que la adicción al sexo entrará a formar parte de la próxima edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), la biblia de la psiquiatría. No es cosa menor, porque en ese libro se recogen todas las patologías que se reconocen como enfermedades reales, y esa inclusión hace que el tema atraviese de golpe la línea entre el chiste y la reflexión.
Por lo que parece, alrededor de un seis por ciento de la población padece de este mal, aunque uno diría que es una enfermedad de ricos. De gente que puede permitírselo, básicamente. La primera noticia que tuve de ella fue hace años por un escándalo protagonizado por Michael Douglas, que debía de llevarse a la cama a todo lo que se cruzaba. En aquel momento pensé que se trataba de una excusa miserable como otra cualquiera para justificarse ante su mujer. Pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
Recientemente hemos tenido otro caso más mediático y bastante más humillante para su protagonista, por la mofa que ha causado durante semanas. Me refiero a Tiger Woods, que ha vivido seguramente las semanas más horribles de su vida después de que se descubriera la hilera interminable de mujeres con las que se acostaba.
En todo caso, la diferencia entre un adicto y un ligón vicioso es difusa, como lo son siempre los límites de todas las enfermedades de este tipo. Ayer un tipo comentaba en la radio que en realidad la cosa no depende del número de veces que le des al sexo, sino de la necesidad que sientes de hacerlo independientemente de cuánto lo practiques. Así que si crees que sufres de este mal, amigo lector, no dejes de ponerte en las manos adecuadas para tratarte. Las que consideres más oportunas…
Otra perspectiva sobre “Lost”
Feb 20th
En los últimos días he estado viendo capítulos de “Lost“, la serie del momento, por aquello de comprobar si es tan buena como muchos decían a mi alrededor. Y lo cierto es que no me ha enganchado especialmente, pero me parece interesante por lo que se intuye, más que por lo que se ve.
Para quienes no sepáis de qué va la serie, os diré que su argumento se basa en que varias personas sobreviven a un accidente de aviación en una isla (aparentemente) deshabitada. Los supervivientes se organizan a la espera de poder ser rescatados, y entonces empezamos a conocer la historia que trajo a cada cual al avión siniestrado, mientras también nos vamos dando cuenta de que ese lugar oculta muchos más secretos de lo que podría parecer. Para saber más, os recomiendo ver este fantástico gráfico elaborado por Chiqui Esteban, director de Nuevas Narrativas de lainformacion.com, que también elaboró otro gráfico sobre la isla donde transcurre la acción.
Al margen de las piruetas del guión y los misterios que se van desgranando, me llama la atención la serie porque sus protagonistas se ven obligados a tomar un nuevo rol en una sociedad que tienen que construir partiendo de cero. Es decir, cada cual se reinventa a sí mismo en una nueva oportunidad para definir su posición en un grupo accidental, y las circunstancias y sus propias aptitudes le hacen jugar un papel diferente al que tenía en su lugar de procedencia. La serie nos desvela las circunstancias de cada uno poco a poco, y así conocemos el pasado reciente que ha hecho que sean como los vemos. Por eso resulta interesante ver como cada uno tiene que sobreponerse a su propia carga para ser alguien diferente.
En ese sentido, esta serie me recuerda a un libro que leí hace años y que me sobrecogió bastante. Se trata de “El señor de las moscas“, una novela de Williams Golding en la que el autor defendía su teoría de que las personas más inocentes, niños en este caso, se pueden transformar en salvajes en cualquier entorno. Y sin necesidad de estímulos negativos procedentes de la sociedad, en contra de lo que se sostenía en la época en la que publicó el libro.
“Lost” también explora esa evolución, y nos habla de personajes que se resisten a dejar de ser civilizados, frente a otros que se sienten mejor en un lugar donde las normas ya no existen. Para estos últimos el pasado deja de importar cuando el futuro es más incierto que nunca, en un entorno en el que cada uno puede ganarse el papel que desee si es más valiente que los demás. Y de esa confrontación entre unos y otros nace el mayor interés que tiene esta serie para mí. Por eso seguiré viéndola, como invitación a reflexionar sobre cómo sería yo si tuviera que sobrevivir en esas condiciones. ¿Y tú?
Sabina y la tristeza prestada
Dec 28th
La relación entre el arte y el estado de ánimo del artista es contradictoria y confusa. La alegría da para pocas obras maestras, y la tristeza sirve muy bien por lo general a los intereses de la trascendencia. Algo de eso le pasa al viejo Sabina, que ahora atraviesa su mejor momento personal en años. Tanto es así que ha tenido que echar mano de la tristeza de su amigo Benjamín Prado para poder escribir las nuevas canciones que le eran esquivas por su infrecuente felicidad.
Y Sabina, que a estas alturas no tiene nada que demostrar, lo reconoce sin mayores problemas. Se despide de los grandes escenarios con una gira en la que tendrá tiempo y espacio para recordar las canciones que nos ha ido dejando como fondo de armario del corazón. Ha cantado a los personajes más marginales y a los sentimientos más complicados. Y se aproxima a una honorable vejez después de haberse dejado las barbas en el filo de la navaja sobre el que ha bailado durante tantos años. Suena su último disco y no me gusta demasiado, pero quizás ya iba siendo hora de que la tristeza fuera de otro. No se puede tener todo, maestro.
El calzoncillo que mató al futbolista
Dec 6th
Hace un rato he visto el reportaje que Informe Robinson hizo hace algunas semanas sobre los socios número 1 de algunos de los clubes más importantes de España. Me ha parecido muy emotivo, que es de lo que se trata cuando se habla de octogenarios que llevan a gala el haber visto en directo casi toda la historia del equipo de sus amores. Nunca sentí una pasión así por ningún club ni tampoco creo que vaya a empezar ahora, pero me gusta ver estas cosas.
Como correspondía al tono del reportaje, la cosa se prestaba a una nostalgia bien entendida. De cuando el fútbol era más deporte y menos negocio, y todo el mundo era un poco más inocente. Y resulta curioso ver las imágenes de un Di Stefano más bien tripón y calvo sin mayores complejos, en comparación con los estilosos jugadores del Real Madrid actual, por poner un ejemplo, que a veces parecen más un grupo de modelos que a ratos encuentra tiempo para jugar al fútbol.
Porque a veces te encuentras a alguno de ellos en una marquesina, anunciando calzoncillos. O quizás en las páginas de una revista, recomendándote los vaqueros que mejor te van a sentar. Y tal vez en la página siguiente te encuentres con un artículo de opinión que lo pone a caer de un burro porque no juega bien desde hace algún tiempo. De modo que a veces te quedas con la sensación de que algunos de ellos disfrutan más de lo que el fútbol les ofrece fuera del campo que de lo que hay dentro de él, y que dentro de unos años pensarán que desperdiciaron su talento en los aledaños oscuros del deporte.
En todo caso, los tiempos han cambiado y esos socios número 1 siguen aquí para verlo. Que sea por muchos años.


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